“En cada acto de amor que uno exprese se encuentra Padre Pío tendiendo su mano”

 Escribe Lourdes Barreiro

Cuando las personas me preguntan quién es el Padre Pío suelo contestar que fue un santo en la tierra que logró trascender en la eternidad y nos acompaña siempre. 

Fue en un viaje a las Termas del Daymán que se despertó mi curiosidad por saber quién había sido el santo de los estigmas y qué conexión tenía un fraile italiano con el Uruguay. 

Cuando visité por primera vez la Gruta del Padre Pío en La Aurora, hace unos 10 años aproximadamente, todo cambió, sentí una paz inmensa que me provocaba el deseo de quedarme en el lugar. Esto me sigue pasando, cada vez que voy me cuesta mucho irme de ahí. Entonces empecé a leer libros referentes a la vida del Padre Pío, a conocerlo más, a entender la conexión con Uruguay y a emocionarme con cada relato de esas páginas. En unos de los libros que estaba leyendo encontré el contacto de Eduardo y le escribí para felicitarlo por el trabajo, siempre me enriqueció conocer las historias de vida de los
que compartimos el amor hacia el santo, y así comenzó una amistad.

Era tal la curiosidad y las ganas de nutrirme de la vida de capuchino que vi muchas veces una de las películas biográficas. Todo lo que había leído lo plasmaba en rostros lo que me resulta más emocionante aún. 

Me llena el corazón poder decir que en el transcurso de estos años he acercado fieles y devotos al Padre Pío; amigas, familia, conocidos, compañeros de trabajo que lo han conocido a través de mi palabra, de mi propia devoción, lo cual me llena de orgullo y gratitud. 

Así comienza este camino, con el corazón abierto, tratando de cada día poder ser mejor persona, que me acerque más a él. Creo que en cada acto de amor que uno exprese se encuentra él tendiendo su mano.

La eterna sed de saber más me llevó a soñar con la posibilidad de ir a Italia, a su tierra, a conocer donde había nacido, donde había vivido su sacerdocio. Lo soñé con tanta fuerza que un día se lo pedí en la gruta, “quiero conocerte personalmente, ayudame a ir contigo”. Ese día estaba sola en la gruta, era un día hermoso, y de repente se posó una paloma blanca encima del santuario y se quedó todo el tiempo que estuve allí, entonces supe que se me iba a cumplir mi gran sueño. 

Me sentí una privilegiada el día que viajé a San Giovanni Rotondo en mayo 2022, recorriendo los sitos donde había vivido el santo. Me llené de energía, de una energía diferente, sentí que podía con todo, con el corazón repleto de amor, emocionada hasta las
lágrimas. Agradezco al Padre Pío que haya intercedido para poder cumplir ese sueño y a la vida por habérmelo permitido. Tanto en San Giovanni Rotondo como en Pietrelcina se respira la fe al santo, en cada rincón que caminé, que conocí, en las personas que tuve el placer de escuchar, cada historia, todo te llena el alma y el corazón.

Tengo mucho que agradecer, sobre todo cuando puedo aportar desde mi humilde lugar una caricia que alivie el alma, presentando al Padre Pío.

Quiero contarles dos historias de vida, las experiencias de dos personas que le ganaron a la muerte y por las que agradezco a Dios.

Ella se llama Elianna, es hija de Virginia una gran amiga y compañera de trabajo. Llena de vida, de sueños, un día, con 12 años de edad, le diagnosticaron un Linfoma de Hodgkin (tipo de cáncer que se desarrolla en el sistema linfático). El mundo se nos caía. Pero gracias a la intercesión del Padre Pío la niña logró salir adelante. Virginia conocía la historia del fraile a través de mí y con aquella dura prueba fue creciendo su fe, convirtiéndose en una devota más. En sólo 6 meses Elianna estaba curada, luego de cumplir con un estricto tratamiento, ahora solamente se controla anualmente. Ya con 14 años vive muy agradecida al santo que escuchó sus peticiones.

El otro testimonio de la presencia del Padre Pio, donde pude ser su instrumento lo que me llena el corazón de felicidad, es en el caso de Aaron, cuyo papá Federico lo relata de la siguiente manera.

“Aaron empezó en marzo del 2022 con dolor en su pierna izquierda y despertares nocturnos. Desde el primer momento comenzamos a consultar al médico. Por tres meses le hicieron diferentes estudios y todos daban resultados normales ya que se hacían a su pierna y en ella, efectivamente, no tenía nada. Un día de junio no pudimos calmarle el dolor. Lo llevamos nuevamente al servicio de emergencias desde donde lo ingresaron a sala.

Allí una conocida nos hizo contacto con un traumatólogo grado 5 que fue el que dio con el estudio exacto para poder diagnosticarlo. Le hicieron un Centellograma Óseo y dio que tenía una masa de 7,6 centímetros de características malignas localizada en pelvis. Allí comenzó toda esa pesadilla, de tener un hijo totalmente sano pasamos a tenerlo enfermo sin saber qué podía pasar ni a qué íbamos a enfrentarnos. Lo entraron a block quirúrgico, le colocaron un dispositivo llamado porta cath para realizar la quimioterapia y le tomaron una biopsia de la masa. Nos mandaron a casa y tuvimos que esperar 10 días para saber el nombre de esa enfermedad que nos había tocado la puerta de la peor manera, en nuestro hijo.

El día 19 de julio de 2022 nos llamaron para ir a consulta con oncólogo, allí conocimos el nombre sarcoma de Ewing localizado, un tipo de sarcoma raro y agresivo que se da principalmente en niños mayores de 10 años. Es un tipo de tumor que se forma a partir de cierta clase de célula en el hueso o el tejido blando, generalmente aparece en huesos de las piernas, brazos, pies, manos, pared torácica, pelvis, la columna vertebral o el cráneo. En ese momento el oncólogo nos dio un 70% de posibilidades de cura, pero aclarando que todo esto iba a depender de cómo respondiera al tratamiento. En principio nos planteó 6 sesiones de quimioterapia para después evaluar. La idea era operar para sacar la masa que en ese momento no se podía extraer porque era muy grande, teníamos que lograr que disminuyera su tamaño.

Pasadas las 6 sesiones le realizaron el control y, gracias a Dios, había disminuido a 3 centímetros, aproximadamente. Felices por esa noticia esperábamos la cirugía con ansias sin saber que ése iba a ser nuestro nuevo desafío. Se hizo un ateneo médico con traumatólogos, radiólogos, oncólogos y nos dieron la noticia de que Aaron no era candidato a cirugía porque sería una cirugía mutilante para su edad y no nos garantizaban que saliera bien de ella. El mundo se nos volvió a caer. Los médicos discutieron mucho su caso y nos plantearon realizar radioterapia IMRT, ya que es un tipo de sarcoma que es sensible a la radiación. Pusimos todas nuestras esperanzas a ese nuevo tratamiento. Sabíamos que el porcentaje de cura había bajado, pero jamás lo preguntamos, siempre nos centramos en que se iba a curar.

En diciembre del 2022 hicimos 28 sesiones de radioterapia. La técnica nos decía que era increíble que un niño de 5 añitos se quedara tan quietito mientras se hacía el tratamiento. Él hizo que todo fuera más sencillo para nosotros, nos ayudó a salir adelante, su energía sus ganas nos dieron las fuerzas para enfrentar todo lo que estábamos viviendo. Luego seguimos con quimioterapia que en total fueron 14, muchas para un niño tan chiquito, bajaban mucho sus defensas, tuvo varias transfusiones de sangre y plaquetas, pero siempre se recuperó muy rápido.

Su última quimioterapia fue el 22 de mayo de 2023. En julio le hicieron un estudio que se llama PET que confirmó que está libre de enfermedad. Ahora estamos con controles cada 3 meses, los que se van a extender durante los próximos 5 años.

Hoy en día es un niño como todos; juega, ríe, disfruta, baila, corre, aprende, va a la escuela, no aparenta haber pasado por tanto a su corta edad. Si bien sabemos que nos queda un largo camino de controles, y que en cada uno ellos vamos a revivir toda esa experiencia, tenemos claro que siempre seguiremos acompañados por el Padre Pío. 

El santo estuvo presente desde que comenzamos con todo esto, nos lo presentaron varias personas. Nosotros, en realidad, no lo conocíamos. Lo primero que hicimos fue mirar una película y quedamos impactados, especialmente lo que más nos motivó a seguirlo fue que Aaron se puso a ver esa película con nosotros y le prestó muchísima atención. Después de esa vez, todos los días antes de dormir nos pedía que la pusiéramos. La miraba siempre con
mucho entusiasmo. Allí entendimos que él sería su santo y sanador. Después Virginia, amiga de Lourdes, nos traía cosas del Padre Pío. Coincidentemente Lourdes había viajado a Italia, a San Giovanni Rotondo y Pietrelcina, y nos trajo un frasquito con un líquido que tiene una fragancia parecida al aroma que emanaba de los estigmas. Todas las noches le pasamos ese líquido por la zona donde tenía la enfermedad y orábamos en familia. Dijimos, “esto no es coincidencia, son muchas cosas”; nos estábamos dando cuenta que él estaba con Aaron. En ese momento lo bautizamos y no dejamos de ir a la iglesia y agradecer”.

Sólo me queda agradecer a todas las personas con las que comparto el camino porque a través de ellas se reafirma mi devoción hacia el santo y agradecer a Dios por escucharlo.



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