Padre Pío llegó en un muy delicado estado de salud al medio siglo de convivencia con los estigmas, el viernes 20 de setiembre de 1968. Miles de devotos provenientes de los más diversos lugares se congregaron en San Giovanni Rotondo para acompañar a su referente espiritual. En consideración a esa manifestación popular las autoridades del convento dispusieron que Pío celebrara misa y él, como hizo durante toda la vida, fue fiel al voto de obediencia, aunque literalmente ya no le quedaban fuerzas.
Así fue que el domingo 22 de setiembre de 1968 estuvo en el altar, a los pies de Jesús, con sus últimas energías, agotado, dolorido, con serias dificultades para respirar y hablar, atendido por sus hermanos sacerdotes que lo asistieron amorosamente y fueron su sostén cuando después de celebrar, exhausto, parecía desvanecerse.
Esa fue su última misa.
Algunas horas después de haber celebrado pidió ser confesado y renovó los votos de castidad, pobreza y obediencia. Las dificultades respiratorias su agudizaron en el transcurso del día, pero con mucho esfuerzo, seguía rezando; aferrado a su rosario repetía constantemente los nombres de “...Jesús, María, Jesús, María...”.
Algunos estudiosos afirman, en base a testimonios, que seguramente conocía con exactitud cuándo se produciría su muerte.
Las pocas personas que lo acompañaron en aquel momento en la Celda 1 del Convento de San Giovanni Rotondo dejaron datos relevantes, como la afirmación de que en algún momento dijo ver “a dos madres”, presumiblemente en alusión a la Virgen María y a su mamá terrenal, María Giuseppa.
A las 2:30 de la mañana del lunes 23 de setiembre de 1968, con 81 años de edad, Francesco Forgione, Pío, falleció a causa de un paro cardíaco. Sus estigmas se habían cerrado completamente tres días antes sin dejar rastros de aquellas llagas que sangraron durante 50 años. Cuando celebraba misa se quitaba los mitones lo que permitía apreciar las heridas, aun cuando las mangas de su sotana eran especialmente largas precisamente
para disimular las llagas. Para su última celebración eucarística aquellas santas manos ya no aparecían traspasadas y sangrantes.
Pocos días después del fallecimiento de Pío, el 4 de noviembre de 1968, sus hermanos capuchinos iniciaron la causa para la beatificación. El Papa Juan Pablo II lo hizo beato el domingo 2 de mayo de 1999 en una ceremonia que, según crónicas de la época, reunió “la multitud más grande jamás congregada en la Plaza de San Pedro en Roma”. Entonces se dispuso que la festividad del Santo Padre Pío se conmemore el 23 de setiembre. El domingo 16 de junio de 2002 fue canonizado con la denominación de San Pío de Pietrelcina. Esa resolución implica que la Iglesia reconoce su santidad y autoriza al desarrollo de su culto en el marco de sus estructuras.
La santidad de su vida, sus virtudes, el compromiso inalterable e incondicional con Dios
y con sus hermanos hicieron que prontamente la devoción por el Padre Pío floreciera en su tierra, pero también muy lejos de ella, como es el caso del Río de la Plata, imponiéndose a todos aquellos que procuraron poner en tela de juicio la divinidad de su obra y adelantándose a los trámites burocráticos de la Iglesia; ese abstracto amorfo que llamamos “la gente” reconoció la sobrenaturalidad de la vida quien se definía como “un pobre fraile que reza”.
Hoy, medio siglo después de concluida su experiencia terrena, se puede afirmar que la presencia de San Pío es universal, tanto desde la perspectiva estrictamente geográfica como en cuanto a la llamativa identificación que genera mucho más allá de las fronteras del catolicismo. Los devotos son muchos millares que cotidianamente se encargan de difundir su obra, que de esa forma continua en expansión. Esa presencia viva no debería
sorprendernos; él mismo lo anunció cuando dijo, “Haré más ruido muerto que vivo”.
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Padre Pío celebrando su última misa, el domingo 22 de setiembre de 1968, muy pocas horas antes de dejar el plano terrenal. Afortunadamente esa celebración fue filmada y el registro está publicado en YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=0mj7AuhaPxM). |
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