Historia de la gruta de La Aurora
El “relato”
El lunes 21 de mayo de 2012 diario Cambio de Salto publicó
la nota titulada “Bodas de plata Gruta Padre Pío Estancia La Aurora – Salto - Uruguay”
que recreó el proceso de edificación del santuario, identificó momentos de tono
icónico en el camino de consolidación del espacio ubicado en el departamento de
Paysandú y no en Salto e incorporó un material que hasta entonces se desconocía:
un “relato” sobre la historia de la ermita atribuido a su impulsor, Ángel María
“Toto” Tonna Zanotta (20/4/1919 – 14/01/2003).
Precisamente, esa celebrada novedad, difundida pocos días
antes del vigésimo quinto aniversario del oratorio (25/5/1987 – 25/5/2012),
constituyó la principal contribución del documento que hasta un par de años permanecía
disponible a través de la página web de ese diario, (https://diariocambio.com.uy/2012/05/21/bodas-de-plata-gruta-padre-pio[1]estancia-la-aurorasalto-uruguay-2012-05-21),
pero que aún se puede hallar en otros sitios de internet
(https://padrepio.uy/?testimonio=relato-de[1]angel-maria-tonna)
así como en publicaciones físicas.
Además del mérito concreto de suplir un notorio vacío de
información, la aparición de la narración significó que la gruta tuviese algo
así como una historia oficial; de hecho, fue colocada en ese sitio de
referencia y consecuentemente ha sido considerada. A falta de otros, ha
resultado un insumo fundamental para el abordaje del tema. Fue reproducida
total o parcialmente en investigaciones publicadas en libros, notas de prensa y
sitios de internet, así como resultó un elemento ineludible para la
construcción de guiones de productos audiovisuales, a los que se accede muy
fácilmente a través de YouTube.
Entonces, a lo largo de al menos una década aquellas
afirmaciones han sido amplificadas literalmente y, en general, sin el más
mínimo cuestionamiento. Esto se explica por dos o tres aspectos básicos. Debido
a la razonabilidad general de sus contenidos; dada la ausencia de otras fuentes
que facilitaran la siempre necesaria y recomendable contrastación de las
informaciones y, especialmente, por la garantía que implica la identidad de la
persona que se invoca al pie del texto.
Sin embargo, en la medida que se profundiza en la
investigación, a partir del hallazgo de nuevos testimonios y como resultado de
la comparación de los datos, más bien escasos, resulta que varios tramos del
relato entran en tensión con los recuerdos aportados por protagonistas y
testigos de los hechos que se cuentan en esa historia; se hacen evidentes
varias y agudas contradicciones.
El descubrimiento de esas deficiencias perturba a quien
quiere, respeta, admira y valora muy profundamente a un ser tan especial como
Ángel María Tonna, que extiende esa consideración a toda su familia y asume
sentimientos de cierta pertenencia y honda gratitud hacia la especialmente
querible Estancia La Aurora.
¿Por qué una persona tan mesurada y discreta como “Toto”
dejaría de ser veraz en esa construcción literaria que debió suponer cobraría
un valor fundamental? ¿Qué profunda razón lo llevaría a incorporar datos reñidos
con lo que efectivamente sucedió? ¿Cuáles serían los motivos para que intentara
construir una historia alternativa más apegada al destaque de supuestos hechos
de características extraordinarias que a honrar la simplicidad y sencillez de
la cotidianeidad que amó profundamente?
Trascendiendo el bullicio provocado por las preguntas que
emergen impetuosas en referencia a los detalles puntuales, se hace
impostergable abordar el fondo del asunto y para ello no existe otro camino que
no sea el de dirimir si efectivamente fue Tonna quien escribió esas líneas. El conocimiento
y los recuerdos de las personas que desarrollaron un vínculo de profunda
amistad con el propietario de La Aurora son los únicos medios para establecer
esa precisión.
Varios allegados a “Toto” contundente e invariablemente
descartan que él haya escrito el texto en cuestión. Entre aquellas personas no
aparecen recuerdos que refieran a comentarios sobre el desarrollo de una
iniciativa con pretensión de reseña histórica ni de que se hablara del asunto
entre los asiduos al campo. Nunca compartió un trabajo de tales características
entre sus amigos como sí hizo con varias de sus redacciones o con las cartas
que preparaba especialmente para quienes lo visitaban. Pero, además, y
fundamentalmente, sus amigos, quienes le conocieron en profundidad, resisten a
la idea de que alguna vez se haya dispuesto a la generación de un documento con
consideraciones alejadas de los hechos que preservan indelebles en la memoria y
el corazón.
Finalmente, la investigación tomó el camino que desembocó en
la confirmación de lo evidente. Un valioso testigo confirmó que Ángel Tonna “no
escribió literalmente” el texto pero que “sí lo dictó”, aunque no pudo o no
quiso identificar a la persona que habría recibido los dichos. Sustentado en la
idea de que la creación intelectual del relato corresponde a “Toto” reivindica
enfáticamente que el texto “es de su autoría”, independientemente de que no
haya concretado la acción de la escritura. Aseveró que el hecho de la
transmisión de aquellas palabras convertidas en documento se produjo “antes de
cumplirse los 25 años” de la gruta y “por un motivo especial que no viene al
caso mencionar”.
Quizás cuando ese “motivo especial” se conozca con exactitud
logremos esclarecer porqué esas manifestaciones podrían haberse vertido con tanta
antelación al aniversario número 25 del templete cuyo fundador falleció en
enero del 2003, ocho meses después de que el santuario cumpliera 15 años y casi
una década antes de la conmemoración del cuarto de siglo.
Entonces también podríamos responder a la interrogante sobre
el momento elegido para la difusión del contenido.
Pero la ubicación cronológica del episodio resulta un dato
de menor importancia en comparación con la certidumbre que explicitan los allegados
a La Aurora cuando aseguran que “él jamás se pondría en esa actitud de dictar;
nunca vimos que se manejara de esa forma ni aun cuando estaba viejito”, en
referencia a la asunción de una posición de cierta verticalidad que nunca le
fue propia.
«Sí es cierto que escribía bastante. Prueba de eso son
muchas hojitas que preparaba a máquina (de escribir), que eran como una especie
de cartas personalizadas, y que entregaba exclusivamente a quienes él sentía
porque eso tenía un sentido muy profundo y, de alguna forma, íntimo, personal.
Por esa vía compartía reflexiones o manifestaba algo de interés concreto de los
interesados. Pero nunca vimos, ni tampoco se comentó entre nosotros, que “Toto”
dictara sus ideas para que otra persona las pasara al papel. Él no haría eso,
no lo necesitaba», asevera contundente Óscar Alonso, amigo de la familia
propietaria del establecimiento sito en la zona del Daymán.
En conclusión, no existen dudas. Tonna no escribió ese texto
y es muy poco probable que haya pronunciado esas palabras para que otro las
registre.
Entonces, quien lo hizo, alguien con profundo conocimiento
de causa y seguramente movido por la buena intención de contar la historia del santuario,
hilvanó toda la información que disponía sin posibilidades de desentrañar las
referencias de dudosa procedencia. La apelación al recurso de construir una
narración en primera persona, haciendo que las palabras surjan de “Toto”, y la
disposición del nombre completo de Tonna al final del documento legitiman,
naturalmente, aquellas palabras.
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Del “relato” a los hechos
La considerable brecha que existe entre lo que consigna la
historia cuestionada y los hechos reales quedará explicitada a través de la
comparación de aquel contenido con lo que resulta de la investigación. Se asume
que quizás ésta sea la forma más práctica y eficiente de ofrecer una panorámica
general sobre el tema de estudio. El “relato” aparecerá a lo largo del capítulo
como nota destacada en el centro, en cursiva y negritas, distinto a las leyendas de las fotos, forma de distinción
que favorecerá a quien desee hacer una lectura continua.
Los primeros renglones permiten identificar el origen del
asunto. Refieren al supuesto compromiso asumido por Tonna con el Padre Pío, su
“asesor espiritual”, en relación a la generación de un espacio en su honor. La
iniciativa no tendría otra motivación más que la gratitud por la amorosa
compañía del intercesor y el sincero deseo de promover su conocimiento como
camino seguro para llegar al corazón de Jesús. La devoción de los propietarios
de La Aurora hacia el capuchino estigmatizado debe ser entendida como una manifestación
propia de la fe de una familia católica, comprometida con la Iglesia.
“Corría el mes de enero de 1987, sentado en la
galería de la amplia casa de campo y acompañado de mi esposa, Elena, trazaba
líneas sobre un papel tratando de esbozar una silueta, algo que sentía muy
dentro de mi corazón. Había una promesa que cumplir y me separaba de la fecha
límite para cumplirla poco más de 4 meses”.
La llegada de los escultores
Surgirían varias apreciaciones ante la aseveración de que el
mismo Ángel María intentara esbozar las líneas “de una silueta”, lo que
invariablemente remonta a la idea de una estatua siendo que ese no era el plan
inicial como se verá renglones más abajo. Por lo pronto sólo retengamos ese
dato para avanzar en la consideración de las primeras contradicciones
evidenciadas inmediatamente, con las referencias a la llegada de los escultores
que labraron la imagen y respecto a su relación con la familia anfitriona.
Expresa el relato:
«En ese momento, como enviados por Dios, llega a la
casa una pareja, que sería de ahí en más miembro de esta gran cruzada. Después
de conversar largo rato y de entrar en confianza les cuento de la promesa
hecha, nada menos que a un hombre santo, a un fraile capuchino, quien en vida
fuera mi asesor espiritual y me comprometiera a realizar esta obra.
Los recién llegados, Guillermo Beckes y María de las
Mercedes Schoenemman, hasta ese momento desconocidos, eran ni más ni menos que
dos reconocidos escultores argentinos.
Compenetrados de lo que les había contado comenzaron
a sentir que la responsabilidad podía ser compartida, que ellos podían dar algo
de sí para concretar la obra. Allí se comienza a pulir la idea de hacer la
estatua del Padre Pío».
Lejos de ser “desconocidos” en La Aurora, los escultores
tenían entonces y sostienen ahora un vínculo de amistad con la familia Tonna
Rattín. Ese lazo se consolidó gracias a sus permanentes visitas al
establecimiento por motivaciones de tipo espiritual, según confirmó la artista
en reiteradas oportunidades.
En entrevistas realizadas por Esperanza Cánepa para su sitio
web dedicado a la difusión de la obra del capuchino “Huellas y caminos del
Padre Pío” (www. padrepio.uy), Mercedes cuenta que concurrían muy a menudo a la
estancia “desde muchísimos años antes de hacer la imagen del Padre Pío” y
destaca que siempre fueron recibidos por “una familia llena de amor, de mucho
esfuerzo y que hablaba del Padre Pío cuando nadie más hablaba”, referenciando
que a comienzos de la década del 80 del siglo pasado la devoción por el fraile
estigmatizado no tenía la proyección popular que hoy la caracteriza en el
litoral uruguayo. … «“Éramos muy amigos con la familia Tonna”, sintetiza y
agrega que de ese vínculo surge el acuerdo para desarrollar el moldeado de la
estatua en la que comenzaron a trabajar inmediatamente recibida la propuesta, a
principios de 1987.
De la estampita plastificada a la estatua
La narración, el relato, continúa:
«Guillermo y Mercedes se instalan en “La Aurora” y
comienzan a modelar. Mis indicaciones eran concretas. El Padre Pío me había
dado instructivas, en sendas cartas que me envió cuando corrían los años 1948 y
1950 y que un hijo adoptivo, – a pedido mío- hoy las conserva con máximo
resguardo, de que la estatua debía representarlo en su época de pujanza, de juventud.
Un día, supervisando la obra, observo que la
expresión del rostro no es la pensada, no era como el Padre Pío me lo había pedido.
Se los hice saber y la cara de tristeza de los escultores también fue de
resignación; y les dije: “Déjenla como está, no la toquen, que sea lo que Dios
quiera”. Una vez que les di la espalda y me dirigía a la casa oí el llamado de
los escultores: “Toto, Toto, la cabeza cayó al piso y se destruyó”. Nueve días de
trabajo se escurrieron de sus manos cuando, sin que mediara una causa aparente,
quedó hecha pedazos la cabeza de la estatua. Sólo 2 días llevó hacer la
definitiva y esa… sí fue aprobada».
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En el documento se asegura que el Padre Pío envió “instructivas” sobre cómo deseaba ser representado, dato que se constituye en especialmente llamativo. No es común que aparezcan alusiones a requerimientos de esas características de parte del humilde capuchino que siempre insistió en su mensaje de que las gracias vienen de Dios, del Sagrado Corazón de Jesús y que son especialmente conseguidas por la Virgen María. Entonces, que haya pedido ser homenajeado con una estatua es, al menos, tan inquietante como inédito.
La verdad es que el plan inicial de Tonna era bastante más
humilde y no incluía la construcción de una efigie. Esa alternativa nació y se
consolidó con la aparición de los “recién llegados” y sólo fue posible en la
medida que se sumaron apoyos materiales para su ejecución.
«Recuerdo muy bien que “Toto” me llevó hasta el lugar en el
que ahora está la gruta, estábamos en el medio del campo, no había
absolutamente nada, y me dice: “acá voy a hacer una grutita para el Padre Pío y
vamos a ponerle una estampita plastificada. Va a venir mucha gente a sanarse, igual
que en la Virgencita de Luján, en Argentina”», relató Óscar Alonso en el
documental Experiencias en la Estancia “LA AURORA” (Grossi, P., (2022, 8 de febrero), Experiencias en la
Estancia “LA AURORA” Entrevista a Oscar Alonso (partes 1 y 2), [Video],
YouTube, https://www.youtube.com/watch?v=QF2cQq0NWXA).
Enfatiza en que el proyecto original consistía en la
construcción de “una basecita” para colocar sobre ella “una estampita”, aunque
con la pretensión de que fuera plastificada, y descarta que entonces se hablara
de edificar una estatua. Estas afirmaciones no dejan dudas respecto a la
inicial humilde intención de Tonna que en ningún sentido consideraba
requerimientos de características tales como las que se atribuyen a las
supuestas cartas de 1948 y 1950, cuyos anunciados destinos también despiertan
curiosidad.
Es “muy raro” que “Toto” haya tomado la decisión de privar a
su familia de misivas de tanta relevancia para encargárselas a “un hijo
adoptivo”, reflexionan quienes conocieron al ferviente devoto del fraile. Sólo
el conocimiento de esas notas despejará las dudas señaladas.
En definitiva y sobre el fondo del asunto, si efectivamente
el Padre Pío formalizó ese pedido y dio aquellas “directivas”, ¿por qué el
agradecido hijo espiritual no cumpliría con su “asesor” y anunciaba a su amigo
la concreción de otros planes?
«Mercedes y Guillermo, dos chicos jóvenes en aquel momento,
le ofrecen a “Toto” hacer una estatua; lo hacían en agradecimiento por alguna
razón personal», establece Alonso sobre la motivación de los artistas que da origen
a la imagen. Recuerda que el moldeado comenzó en la mañana del martes 3 de
febrero de 1987, dato que observa con precisión por ser ese el día de su
cumpleaños. Óscar, Cristina, su señora, Sol y Cristian, los hijos de ambos,
disfrutaban por aquellos días de una de sus muchas estadías en la estancia; en
ese caso la permanencia se extendió a un mes y medio. Esta situación permitió
que la familia fuera testigo privilegiada de cada detalle del proceso.
Un pequeño lugar del tambo se convirtió en taller de los
escultores que trabajan sobre “una mesa muy fuerte, muy chica, de un metro por
un metro”. Utilizaron “hierros que eran partes de máquinas que se habían dejado
de usar” para dar forma a la estructura de la estatua y arcilla extraída del
mismo establecimiento, desde la costa del río Daymán, para el moldeado, apunta
el testigo en el documento referido.
“Los escultores, los artistas, sabemos que con la cabeza se
proporciona la figura. Entonces queríamos hacer esa parte para proporcionar
después el cuerpo”, aporta Mercedes Schoenemman y explica que previamente consultaron
mucha información para llegar a definir una composición precisa de las
características físicas del sacerdote (Huellas y Caminos del Padre Pío, (s.f), Escultora Mercedes
Shoenemman sobre la imagen de La Aurora,
https://padrepio.uy/?testimonio=testimonio-de-laescultora-mercedesshoenemman-de-la-imagen-de-la-aurora-2).
Para la tardecita del primer día de trabajo ya habían
concluido la cabeza de la estatua “que era del tamaño normal, como la de
cualquier ser humano”. Pero, “… al otro día, en la mañana, comentaron que la
cabeza estaba en el suelo. Era raro… ahí no entraba nadie porque era un
apartadito en el mismo tambo. Era imposible de que se cayera porque, como les
comenté, estaba en un lugar sólido, firme. Entonces los chicos comenzaron a
hacerla de vuelta, a agregar material y ese día, a la tardecita, fuimos todos a
ver la carita que es la que tiene ahora la estatua del Padre Pio; o sea que la
estatua tomó una dimensión totalmente distinta porque la cabeza se hizo mucho más
grande”, detalla Óscar, en la entrevista indicada, para confirmar que al final
del segundo día de modelado ya estaba finalizada esa primera etapa de la obra.
Aclara que quienes estaban en La Aurora no se detuvieron a
intercambiar hipótesis que tendieran a explicar el hecho de la caída de la
pieza que se produjo de manera vertical, en línea recta, quedando los restos
debajo de la base y no a varios metros de la mesa como se ha repetido
insistentemente.
La ubicación de la ermita
Según el relato, el sitio indicado para la construcción del
oratorio fue revelado a Tonna a través de “una visión”.
“El 25 de mayo de 1987, fecha en que el Padre Pío
cumpliría 100 años, si viviera, y hora de cumplir la promesa, se inauguró la
gruta con la estatua del Padre Pío; en el lugar exacto que él me indicara en
una visión que tuve el 8 de enero de 1987, estando yo sentado a escasos metros
de donde hoy se encuentra la gruta”.
Causa cierta sorpresa que un hombre con un perfil tan bajo
como Ángel María tomara la decisión de dejar constancia del goce de alguna
capacidad poco común como la posibilidad de tener visiones. Independientemente de
que haya desarrollado o no ese u otros dones, lo cierto es que su personalísima
humildad, esa misma que lo llevó a hablar lo justo y quizás también un poquito
menos, difícilmente lo habilitara a referir sobre eventuales características no
ordinarias y, menos aun, a certificar su ejercicio en un escrito. Varios
testigos aseguran que “Toto” nunca mencionó que la definición del emplazamiento
haya tenido una inspiración de aquellas características. Tampoco que hiciera
referencia a que la locación buscaba que la estatua del santo “mire” hacia
Pietrelcina o San Giovanni Rotondo como algunos aseguran, característica que,
evidentemente, no sería exclusiva de ese punto, o que se hayan considerado
cruces de líneas energéticas o espacios referenciados por la aparición de
portales.
Naturalmente que no se pueden descartar motivaciones más
profundas a la sencilla idea de que la ubicación de la gruta en el alto
favorece su contemplación desde el campo y se constituye en una especie de
altar natural, generándose un perfecto clima de recogimiento y abstracción del
afuera. Pero, por lo pronto, no existen posibilidades concretas de sostener
afirmaciones rimbombantes.
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La gruta a poco de su inauguración. Foto aportada por Óscar Alonso. |
Monseñor Nicolini y el cura francés que celebró la primera misa en el santuario
Claudio Rathelot, sacerdote francés de la Congregación de
los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey (CPCR), fue quien celebró la
primera misa en la gruta el mismo día de su inauguración: el lunes 25 de mayo
de 1987. El referido relato describe su llegada en un contexto de ciertos ribetes
portentosos que, en realidad, no existieron. Sin embargo y aun sin características
que puedan definirse como fuera de lo común, la causa que explica su
participación es especialmente interesante en cuanto revela el decidido apoyo
que el entonces Obispo de Salto, Monseñor Carlos Alberto Nicolini, brindó a la
iniciativa de la familia propietaria de La Aurora.
Por aquel tiempo la Iglesia todavía no había concluido el
estudio de la vida del Padre Pío para expedirse sobre su santidad; faltaban 15
años para que el oriundo de Pietrelcina fuese reconocido oficialmente como santo.
Por lo tanto, la posición institucional era tendiente a desestimular la
devoción al estigmatizado, aguardando el resultado del proceso.
Atendiendo a ese contexto es particularmente valioso el
gesto del Obispo de la Diócesis con sede en Salto. La narración continúa así:
“Monseñor Dr. Carlos Alberto Nicolini, Obispo a
cargo de la Diócesis de Salto, presente en el lugar, la bendijo y autorizó a celebrar
la Santa Misa a un sacerdote francés que se lo solicitó.
Éste había llegado a Montevideo el día anterior por
un error en el vuelo, leyó el diario donde se anunciaba la inauguración y sin
pensarlo siquiera se presentó en la gruta. Así fue como el sacerdote Claudio
Rathelot ofició la misa.
El Santo Padre, a través de Monseñor Humberto Tonna,
Obispo de la Diócesis de Florida, que le informó sobre la obra a realizar en la
estancia La Aurora, envió una bendición muy especial y prometió que el día de
la inauguración de la gruta él se hallaría orando sobre la tumba del Padre Pío
en San Giovanni Rotondo, donde permanecería 5 días”.
La presencia de Nicolini en La Aurora y el mensaje que
pronunció al momento de la bendición de la gruta evidencian su profunda
valoración de la vida y obra del fraile, su honesta convicción de la santa
sobrenaturalidad de aquel humilde sacerdote que llevó las heridas de la cruz
por poco más de medio siglo.
Así rezó el prelado aquella fría tarde del día en que se
cumplía el centenario del nacimiento de Francesco Forgione Di Nunzio, el Padre
Pío:
“…Cien años de vida del Padre Pío es una hermosa circunstancia
para que aquí, en Salto, tengamos la bendición de esta hermosa imagen de este
sacerdote, religioso capuchino, que ha invadido los corazones de todo el mundo
para hacernos sentir el olor de la cercanía de Dios, con su misericordia y con su
consuelo.
Él mismo se hizo instrumento de la misericordia de Dios a
través del sacramento de la reconciliación al que se dedicara largas horas de
todos los días y después consuelo del alma, del espíritu, del cuerpo,
bendiciendo e intercediendo con su oración constante por la salud de los
enfermos, el trabajo, la vida, la atención de la familia, el aliento del
evangelio en las comunidades cristianas.
Para Salto, esta presencia del Padre Pío que fue ubicada
aquí con esta hermosa imagen es una bendición…
...Dios todopoderoso y eterno no prohíbe que sean
esculpidas o pintadas las imágenes de los santos para que cuantas veces las
contemplemos con los ojos del cuerpo otras tantas meditemos sobre sus ejemplos
e imitemos sus virtudes.
Te pedimos que bendigas y santifiques esta imagen y a
cuantos quisieran venerar y glorificar ante ella a este santo y piadoso sacerdote.
Que por sus méritos y su intercesión puedan obtener tu gracia en esta vida y
después la misma gloria eterna que nos tienes prometido por Cristo Jesús,
Nuestro Señor. Te ruego humildemente glorificar también sobre esta tierra a tu
siervo Padre Pío de Pietrelcina. Que en la participación generosa a tu
sufrimiento tanto te amó y tanto se prodigó por la gloria del Eterno Padre y
por el bien de las almas. Te suplico, Jesús, que le concedas por tu intercesión
la gracia que hoy ardientemente La historia de la gruta construida en Estancia
La Aurora deseo alcanzar. Además de pedir la gracia de que pronto sea declarado
santo, pedimos la gracia que individualmente o en familia queramos alcanzar del
Padre Pío.
Que Dios bendiga grandemente a quienes nos han posibilitado
tener la alegría de la presencia del Padre Pío en la devoción, en el afecto y
en esta imagen. Que las familias y amigos que han hecho esto posible se vean
recompensadas por ese amor de Dios tan grande que les prodiga todo bien. Que
así sea”. (Alvez, A.,
(2021, 27 de mayo), Gruta del Padre Pío en Aurora. Uruguay. Cumple sus 25 años
(parte 1), Tarda pero llega Producciones, Textos, guion y edición: Fernando
Silva, [Video]. YouTube, https://www.youtube.com/watch?v=K9mI61yUg48)
Y la verdad es que el cura francés no perdió ningún vuelo ni
llegó a La Aurora “sin pensarlo”.
Asentado por el ejercicio de su ministerio en Rosario, Santa
Fe – Argentina, había cruzado a la ciudad de Salto para dirigir ejercicios
espirituales en la Casa San José (Avenida Fermín Ferreira y Artigas 1331),
establecimiento que gestó e inauguró en 1929 el propio fundador de las
congregaciones de los Cooperadores y las Cooperatrices: el Padre Francisco de
Paula Vallet. Allí recibió la convocatoria para asistir al Obispo en la
actividad del campo de los Tonna.
En el mes de abril del 2022, transcurridos 35 años de
aquellos hechos y desde la Casa de Nazaret (Municipio de Chabeuil, Diócesis de
Valence - Francia), sede central de la congregación que en buena medida fue
generada desde el Salto oriental, el nonagenario Padre Rathelot atendió
gentilmente las inquietudes del autor de este trabajo plasmando sus recuerdos
sobre esa jornada en los siguientes términos:
«Pertenezco a la congregación de los Cooperadores Parroquiales
de Cristo-Rey, que tiene una Casa de Ejercicios Espirituales en Salto. Estando
para unos retiros en esta casa, me vino el pedido de parte de Monseñor Nicolini
de bendecir una imagen del Padre Pío y celebrar una misa en la Estancia La Aurora.
Si recuerdo bien, él mismo había pensado hacerlo, pero se encontraba con un
contratiempo.
Acepté con gusto, alegrándome de que se haga algo para que
la gente pueda acudir y pedir la intercesión de un santo que ha obtenido de
Dios gracias tan profundas para tanta gente mientras vivía y después de su
muerte.
La misa me dejó un recuerdo muy agradable por el recogimiento,
el fervor de los participantes.
Después, recuerdo haber visitado al dueño de la estancia.
Y es cuando me enteré de que grupos de personas venían también a esta estancia
para recibir energías en lugares donde habían aterrizado supuestas naves
extraterrestres. El dueño de la estancia no parecía favorecer tanto este
segundo aspecto.
Recuerdo haber visto un aviso para los visitantes que
decía más o menos: si quiere saber algo sobre los extraterrestres, tome contacto
con la NASA. Lo interpreté como “déjenme tranquilo con esto”.
Me parece que este segundo aspecto hizo que la Diócesis
no favoreciera mucho el acudir a la estancia. No estando más que temporaditas
en Salto y habiendo vuelto en Europa en el 2007, no supe más del lugar».
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en el día de la bendición de la gruta. La imagen ha circulado ampliamente por internet resultando especialmente complejo establecer a quien corresponde la autoría. |
Sobre la relación con la Iglesia y las búsquedas de “fantasías”
Curiosamente, o quizás no tanto si asumimos la génesis del
texto, las oraciones finales introducen consideraciones respecto a temáticas
sobre las que, en realidad, “Toto” no hablaba o al menos no lo hacía explícita y
abiertamente. La narración concluye con referencias a los “muchos obstáculos”
que los Tonna Rattín habían trascendido y enfrentaban al momento de la
publicación para cumplir con la “obra evangelizadora” “deseada y pedida por el
Padre Pío”. Esas dificultades, al menos en buena medida, tendrían por causa
ciertas tensiones con la Iglesia. De manera muy contundente se señala que las
complejidades se hicieron especialmente evidentes “después de la muerte de
Monseñor Carlos Nicolini”.
El tono de esas aseveraciones parece bastante extremo y para
nada representativo de las formas que Ángel eligió para vincularse.
“Cuando escribo esta historia, después de muchos
años de transcurridos los hechos, siento sabores amargos, dulces alegrías y
desencantos. Hay sentimientos comprometidos, no es fácil escribir lo que ocurre
sin involucrar el corazón si realizamos una mirada retrospectiva. Desde la meta
alcanzada hacia todos y cada uno de los sucesos acaecidos, el tiempo parece corto
y los sucesos… simples. Pero vivirlos, día a día, minuto a minuto, no lo fue.
Fueron muchos –y lo son aún- los obstáculos que se
debieron sortear después de la muerte de Monseñor Carlos Nicolini, pero férrea
es la voluntad de la familia Tonna Rattín para llevar a la meta esta obra de
evangelización, esta obra de evangelización deseada y pedida por el Padre Pío”.
Es cierto que la Iglesia desestimuló la devoción al Padre
Pío mientras no concluyó el estudio de su caso y que en ese contexto algunos
sacerdotes de la Diócesis de Salto, que reconocían la incidencia de La Aurora,
fueron especialmente activos a la hora de recomendar prudencia. También es verdad
que la sede salteña hizo algunos infructuosos intentos para amparar en su marco
institucional todo el creciente fervor litoraleño hacia el capuchino, devoción
que tenía y tiene en la ermita de la zona del Daymán una referencia concreta e
incuestionable.
De hecho, durante los últimos años del siglo XX y los
primeros del XXI esa institución retiró el apoyo al santuario lo que se
materializó, como medida más notoria, en la prohibición a que allí se
celebraran misas (limitante recién superada en 2007). Pero Ángel, Elena y sus
hijos nunca renegaron de su fe ni se distanciaron de la Iglesia, jamás tomaron
el camino de la confrontación y siempre aguardaron respetuosos la definición de
las autoridades locales del catolicismo. Ahora el vínculo entre los dueños de La
Aurora y la Diócesis de Salto experimenta un proceso de cooperación y complementación
que ha tenido un impulso especial en los últimos años a partir de las gestiones
de los obispos Galimberti (2006 - 2018), Gil Eisner (2018 -2020) y Fajardo (en
ejercicio desde 2020).
Aunque a través de una mención no explícita, el relato
introduce una consideración a lo que genéricamente se podría denominar como la
temática OVNI. Se afirma que muchas personas llegaron a la gruta “buscando fantasías
que aquí jamás podrán concretar”. La alusión al asunto es de muy relativa
pertinencia, pero, en todo caso, tiene la utilidad de reafirmar la idea de que
es muy poco probable que Tonna haya tenido algo que ver con la creación del
texto. Oportunamente “Toto” hizo algunas escasas declaraciones públicas sobre
los eventos sucedidos en su establecimiento desde febrero de 1976 pero siempre
con un perfil muy bajo, desconociéndose si alguna vez escribió algún documento
que reseñara aquellas experiencias.
Lejos de apelar a aquella etapa, el propósito del santuario,
insisten los testigos, se debe buscar en su sentido estrictamente espiritual,
en la intención de favorecer el encuentro con Dios y viabilizar oportunidades
de sanación con el Padre Pío como intercesor.
La narración concluye así:
«En el transcurso del tiempo, miles fueron las
personas que llegaron a la gruta, muchas de ellas buscando fantasías que aquí jamás
podrán concretar. Pero la mayoría, con deseos de encontrar salud de cuerpo y
alma. Personas vacías de Dios, ateos, rebeldes a Cristo y rebeldes a los
sacerdotes que hallaban en su camino, doblaron sus rodillas ante el
estigmatizado y lo dejaron obrar libremente. Aquí conocieron un rosario y
aprendieron a rezar. Participando de los vía Crucis, o simplemente leyendo los
carteles colocados a la vera del camino, llegaban -y siguen llegando- a la
gruta con el corazón conmovido. Infinitas fueron las conversiones y muchas son
ahora personas de misa y comunión dominical.
Dios, a través del Padre Pío, abrió en este lugar,
uno de los tantos caminos que nos conducen a Él, que en su infinita misericordia
mira con amor, aún al último de sus hijos.
Padre Pío, te pedimos nos sigas guiando para que
tengamos perdón para la ofensa, y mano extendida para el peregrino que busca la
tierra prometida por nuestro Señor. En este momento recuerdo un mensaje que me
envió el Padre Pío en una de sus cartas: “Debajo de un hábito se puede esconder
una serpiente sumamente venenosa, como también detrás de un humilde traje
ciudadano puede ocultarse un “ángel”, no sólo de nombre. En ambos casos
ignorando con quien tratas”.
También el Padre Pío me remarcó un pensamiento suyo:
“Lo bueno y lo malo que en la vida hagamos, trasciende al tiempo y tiene repercusión
en la eternidad. No permitas que la triste visión de las injusticias humanas
entristezca tu alma, también ellas en los planes divinos tienen su valor. Y un
día verás triunfar por encima de ellos la infalible JUSTICIA DE DIOS.
PADRE PIO, ¡Misión Cumplida!
Ángel María Tonna Zanotta»
Consideraciones del autor con pretensión explicativa
Los comentarios que aquí concluyen tienen dos propósitos que
se entrelazan, que se explican mutuamente, que actúan al mismo tiempo como
causa y efecto, que son concomitantes; básicamente, uno tiene una dimensión colectiva,
social, y el otro de tipo personal.
El primero refiere a la honesta intención de sumar un
humilde aporte a la reconstrucción de la historia de un sitio tan altamente
considerado por miles de personas y con un notorio reconocimiento internacional
como es el santuario construido en la Estancia La Aurora en honor al Padre Pío.
Esto implica, necesariamente, favorecer la valoración, el reconocimiento y destaque
a la misión que asumió Ángel María Tonna junto a su señora Elena Rattín y que
amorosamente continúan sus hijos: Ángel, Elena y Tulio.
Estas líneas están conscientemente construidas, a partir de
una profunda y extensa investigación, pero en ningún sentido traen implícita
alguna aspiración a ser consideradas como portadoras de la verdad absoluta;
todo lo contrario. Sólo deberían ser tenidas en cuenta como un aporte más a la construcción
de la verdad o las verdades, asumiendo que los procesos de la comunidad son
necesariamente colectivos y permanentes.
Lo que aquí se ha propuesto es, estrictamente, una serie de
testimonios de quienes tienen la legitimación por haber sido protagonistas de
los hechos referidos, así como la información que surge de los escasos
documentos disponibles.
Como se transparentó oportunamente, el paulatino hallazgo y
análisis de esas fuentes informativas provocó un profundo, irremediable e
irreversible cuestionamiento hacia aquel “relato” que había sido considerado
como la verdad del proceso de la gruta. Y entonces allí aparece el propósito personal
que cobrará valor solamente si en algún sentido resulta de utilidad para los
demás, aunque la contribución sea humilde, sencilla e imperfecta.
Ha pesado la obligación moral de compartir otras verdades,
de hacer saber toda la información con la que hemos sido bendecidos, de no
ocultar ni restringir; la necesidad de actuar desde la consciencia y el
compromiso reivindicando la sencillez de los hechos sobre la espectacularidad
de aquello que no es más que relato.
Finalmente, este capítulo trae consigo la profunda esperanza
de que su divulgación se constituya en una acción redentora de la
responsabilidad que me cabe por haber creído ingenuamente y colaborado, con la
misma inexperticia, con la difusión de aquellos datos marcados como inexactos.








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