"El sabe qué te pasa"
Gladys tomó conocimiento del Padre Pío “por casualidad” hace poco más de una década cuando fue de paseo con su hermano y su cuñada a la gruta de La Aurora. Encaró aquella actividad como la oportunidad de conocer un lugar “como tantos otros, a los que uno va a pasear, a caminar, a tomar aire”.
No había ninguna motivación más profunda, ninguna búsqueda de tipo espiritual, no era un acercamiento desde la fe.
“Caminamos, llegamos hasta la gruta y enseguida sentí una sensación muy extraña, me sentía muy rara y al mismo tiempo percibía un aroma muy extraño. Honestamente yo
no entendía que me estaba pasando”, cuenta y agrega que en ese momento prefirió guardar silencio. Recién un rato después, ya de regreso, comentó la experiencia y recibió como respuesta que seguramente percibió el aroma a santidad del Padre Pío.
A un par de años de aquella situación, hasta entonces sólo una anécdota, Glayds tuvo la oportunidad de hacer un viaje por Europa que incluyó la visita a Asís, la tierra natal de San Francisco, fundador de la orden a la que perteneció Francesco Forgione. “No te puedo explicar lo que era ver aquello, los frailes con sus túnicas, sus cordones, ingresando a la
iglesia. Nosotros estábamos ahí parados con los turistas viendo eso. Y en ese momento se manifestó otra vez aquel aroma acompañado por una sensación muy rara en mi cuerpo”.
Atribuye a ese instante un valor fundamental, determinante en su espiritualidad, “en ese momento le tomé una fe muy especial a Padre Pio”.
“Cuando necesito que algo esté bien, cuando algo tiene que cambiar o mejorar, simplemente agarro la imagen y me la pongo en el pecho. El Padre Pío ya sabe qué necesito”, cuenta sobre el proceso de la devoción que tuvo otro momento trascendente cuando su hija “estaba a punto de perder un embarazo que tenía un desarrollo importante”; el segundo que se frustraría según anunciaban los médicos. Ante ese panorama pasó una imagen del Padre Pío “por todo el cuerpo" de la joven “que es médica y entonces era atea. No entendía nada, pero no me importó. Solamente le dije que creyera, que el Padre Pío solucionaría todo”. Emocionada hasta las lágrimas cuenta que “fue un parto precioso”.
Reconoce que jamás hubiese imaginado que aquel paseo por la zona de Termas del Daymán sería el comienzo de un tiempo nuevo en su existencia. Hoy se reconoce como devota de Padre Pío; disfruta de tener “una tremenda fe” que la ayuda a transitar en paz “y protegida” cada momento de la vida. No disimula su emoción al revivir “las cosas fuertes que me han pasado” y se alegra de compartir cuando regala “al que siento
que necesita” algún recuerdo del santo, de los que siempre tiene varios, al tiempo que repite su recomendación: “vos no le pidas nada, el sabe qué te pasa”.

Comentarios
Publicar un comentario