La historia de un milagro contada por “Toto” Tonna
Juan Antonio Rodríguez, Olga y María Eugenia, la hija de ambos, conocieron la gruta de la zona del Daymán en el verano de 1991, cuando regresaban a su ciudad, Paysandú (Uruguay), desde Cataratas del Iguazú. “En aquellos momentos se hablaba mucho de La Aurora. Por todos lados se escuchaban historias sobre el aterrizaje de naves y sobre los milagros del Padre Pío”, cuenta el hombre que identifica aquella oportunidad como “el encuentro de la familia” con el santo italiano.
Asume que esa visita estuvo
motivada “básicamente por la curiosidad de conocer el lugar, porque en ese
momento no teníamos una razón de las que generalmente motivan a la gente para
ir”. La identificación con el santo y con el sitio se evidenció inmediatamente.
Así, la familia visitaba la gruta cada vez que podía lo que les permitió
sostener algunas conversaciones con el dueño del sitio, Ángel María “Toto”
Tonna.
Si bien es cierto que esas
charlas “no fueron tantas” también es verdad que constituyeron momentos de
incuestionable valor. “Era muy agradable escucharlo, tanto él como su señora,
Elena Rattín, eran gente muy sencilla, muy amables”, agrega.
“Tonna contaba sobre el trabajo
que habían tenido para hacer la gruta y la estatua y siempre hacía la historia
de algún milagro”, relata y aporta, con detalles, una de esas experiencias
escuchadas de la voz de este distinguido hijo espiritual del capuchino santo.
«Una señora argentina que tenía
algo así como doce tumores en el cuerpo le pidió a un amigo suyo, médico de profesión,
que la trajera a La Aurora porque estaba convencida de que con la intercesión
de Pío se iba a curar. El médico, que era ateo, se negaba; le decía que no
tenía sentido que pensara eso, que lo que la medicina no cura nada lo puede
arreglar. El asunto es que la mujer insistió tanto que consiguió hacer ese
viaje y vino con tanta fe que al cabo de tres o cuatro meses comprobaron
científicamente que no tenía ningún tumor, habían desaparecido», reseña. El
profesional, que tiempo después reconoció ante Tonna su desconfianza inicial,
había prometido que si sucedía el milagro reconocería las limitaciones de la
ciencia y la grandeza de Dios, y cumplió.
“Toto me dijo que después venían
muy seguido y que el hombre se hizo devoto del Padre Pío”, agrega con emoción.
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| Ingreso al predio de la gruta del Padre Pío en Estancia La Aurora |
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