Los estigmas

Padre Pío llevó en su cuerpo las mismas heridas que le provocaron a Jesús al momento de la crucifixión. Esas señales sobrenaturales tuvieron una primera aparición a poco de ordenado, el miércoles 7 de setiembre de 1910 mientras estaba en la casa paterna. En principio eran sólo marcas de coloración rosa en manos y pies. Es dable pensar que Pío haya tenido inmediata y plena consciencia del significado espiritual, profundo, de las heridas y del dolor.

El lunes 5 de agosto de 1918 experimentó el fenómeno místico muy escasamente repetido que se denomina transverberación. Ante el requerimiento del Padre Benedetto, su guía espiritual de ese tiempo, Pío describió la experiencia no sin antes enfatizar que la exposición del asunto le provocaba una profunda “vergüenza.

“Por obediencia me decido a manifestarle lo que sucedió en mí desde el día cinco por la tarde, y se prolongó durante todo el seis del corriente mes de agosto. No soy capaz de decirle exactamente lo que pasó a lo largo de este tiempo de super lativo martirio. Me hallaba confesando a uno de nuestros muchachos en la tarde del cinco, cuando de repente me llené de un espantoso terror ante la visión de un personaje celeste que se me presenta ante los ojos de la mente. Tenía en la mano una especie de dardo, semejante a una larguísima lanza de hierro, con una punta muy afilada y parecía como si de esa punta saliese fuego. Ver esto y observar que aquel personaje arrojaba con toda violencia el dardo sobre mi alma fue todo uno. A duras penas exhalé un gemido, me parecía morir. Le dije al muchacho que se marchase, porque me sentía mal y no me encontraba con fuerzas para continuar. Este martirio duró sin interrupción hasta la mañana del día siete. No sabría decir cuánto sufrí en este período tan luctuoso. Sentía también las entrañas como arrancadas y desgarradas por aquel instrumento, mientras todo quedaba sometido a hierro y fuego. Desde aquel día estoy herido de muerte. Siento en lo más íntimo del alma una herida siempre abierta, que me causa continuamente un sufrimiento atroz”.

Tras graficar tan nítidamente aquel impactante episodio y con la humildad que le caracterizó, el joven capuchino expresó al director espiritual su temor de que la impresionante manifestación fuese un castigo de Dios. Benedetto resultó contundente en su respuesta: “Todo lo que ocurre en ti es efecto del amor, es prueba, es vocación a corredimir y, por tanto, es fuente de gloria”. Fray Paolino, entonces superior del Convento Santa María de las Gracias, describió “las heridas” con estas palabras:

“A título de cronista debo decir que lo que más me ha sor prendido en la vista de las llagas ha sido la forma de la llaga del costado; está situada propiamente en la parte del corazón y no en la parte del costado opuesto como he oído decir a más   de uno. Tiene la forma de una aspa o X; de esto se deduce que las heridas son dos y ello está de acuerdo con el hecho que he oído contar, pero que yo no lo puedo probar por falta de argumentos seguros; esto es, que el padre Pío fue herido con una espada por un ángel, en la parte del corazón, mucho antes de recibir las llagas. Y, finalmente, la otra cosa que me causó fuer te impresión es que esta llaga tiene la apariencia de una fuerte quemadura en el costado; no es superficial, sino profunda”.

El viernes 20 de setiembre de 1918 aquellas “marcas” que se habían manifestado en 1910 se transformaron en heridas visibles, abiertas y sangrantes En obediencia a su superior inmediato redactó las siguientes líneas que se transforman en un relato vivo de su crucifixión.

“Era la mañana del día 20 del pasado mes de setiembre. Estaba en el coro después de la celebración de la misa, cuando me vi sorprendido por un estado de sosiego semejante a un dulce sueño…Mis sentidos internos y externos estaban en una quietud indescriptible. Se apoderó de mí una gran paz… Y, mientras ocurría esto, me vi ante un misterioso personaje, semejante a aquel que vi en la tarde del 5 de agosto. Sólo se diferenciaba en que éste tenía los pies, las manos y el costado manando sangre abundante. Su vista me llenó de terror. Nunca sabré explicar lo que sentí en aquellos momentos. Me sentí morir y habría muerto ciertamente si el Señor no hubiese venido a sostenerme el corazón, que parecía se iba a salir del pecho. La presencia del personaje desapareció y, entonces, me percaté de que mis manos, pies y costado estaban traspasados y arrojaban sangre a borbotones. La herida del corazón es la que despide de continuo sangre, en especial el jueves por la tarde hasta el sábado por la mañana... Padre mío, temo morir desangrado si el Señor no oye mis gemidos… ¿Me concederá Jesús esta gracia? ¿No quitará al menos de mí esta confusión que experimento por causa de estas señales externas?”.

Además de esas lesiones sufrió una herida en el hombro derecho, aunque algunos sostienen podría haberse manifestado en uno y otro costado de manera alternada, y que era la reproducción de la lesión que provocó en Jesús el traslado del madero de la cruz por el camino del calvario. Era ésta, precisamente, la llaga que le provocaba mayor dolor.

Las primeras reacciones oficiales de la Iglesia fueron para desacreditar el fenómeno y dejar a Pío en una situación incómoda. Esa postura tuvo su origen en los informes del Padre Gemelli, médico del Papa Benedicto XV, quien aseveró, aun sin ver las heridas, que eran resultado de una conducta neurótica.

Los estigmas sangraban prácticamente a diario y en algunas ocasiones de forma abundante pero jamás se infestaron ni cambiaron su forma ni su tamaño. Esa pérdida constante de sangre no implicó complicaciones que resultarían lógicas como la aparición de algún cuadro de anemia, inclusive cuando la dieta de Pío se limitaba a unos pocos gramos de alimentos.

Los equipos de profesionales que abordaron la temática en el estudio del caso rumbo a la santificación llegaron a establecer que no existe explicación científica o racional para las lesiones. Dicho de otra manera, necesariamente tuvieron un origen sobrenatural.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Gruta en Arroyo Malo (Paysandú): “una obra para que todos supieran lo milagroso que es el Padre Pío”

“El viejito de barbita estuvo acá, pero se fue volando”

“El Padre Pío me llevó de la mano por el caminito de la gruta”