“Me llegó un perfume hermoso, como si fuera de pétalos de rosas”

Sandra Carballo (Salto -Uruguay) es devota del Padre Pío desde hace más de 30 años. El vínculo nació cuando una amiga la invitó a conocer la gruta de La Aurora. Desde entonces ha investigado la vida de Pío, “empecé a comprar todos los libros que encontraba, a estudiar sus oraciones, que a esta altura ya no leo porque las sé de memoria, y siempre que me pasaba algo a mí o en mi familia recurría, pedía su ayuda”.

En 2019 su hermana enfrentó una enfermedad que requirió un largo y complejo tratamiento. “Yo le pedía todo el tiempo, le rezaba todas las noches, me despertaba por las madrugadas y también rezaba, le pedía que la ayudara”. Con esa intensidad vivió aquel tiempo, aferrada a Dios a través de la intercesión de Pío. 

“La noche anterior al día de la operación, que nos habían dicho era compleja, yo estaba rezando y en un momento se me aparece la imagen del Padre Pío, era una figura inmensa, o sea del tamaño de una persona, en un color plateado, muy plateado”, relata. La aparición “duró un instante, unos segundos” sin que haya existido algún tipo de comunicación oral o telepática. Fue una situación “impactante” que Sandra vivió sin miedo. Por el contrario, esa presencia trajo paz, tranquilidad y, en ese momento tan especial, transmitió certeza.

“Al otro día operaron a mi hermana y gracias a Dios todo salió bien”, cuenta quien asume la característica de mensaje de aquella manifestación. 

“Nadie me dijo a mí que el plateado era bueno, pero, lo vi lindo, lo sentí como algo bueno, positivo, como que me avisaba que todo iba a ir salir porque justamente yo le pedía una señal”. Esa aparición con una luminosidad plateada, que efectivamente fue presagio de algo bueno, contrastó con otra experiencia que vivió poco tiempo después cuando percibió una presencia con tonos oscuros que anunció luto.

A la operación siguió un tratamiento cuyo desarrollo llegaba al final. “Mi hermana tenía que someterse al último estudio para ver si ya había terminado”, recuerda quien, como siempre, rezaba. Una noche, mientras pedía la ayuda para que los exámenes arrojaran resultados positivos, “me llegó un perfume hermoso, realmente hermoso, como si fuera de pétalos de rosas o algo así. Pero era algo fabuloso y además se sentía fortísimo. Agarré la estatuita de San Pío que tengo en la mesa de luz y me parecía que salía de ahí, pero no paraba de brotar ese aroma. Era una cosa rarísima”.

Después de aquella noche, muchas otras veces, buscó ese perfume en la estatua, pero el objeto “no tiene ese olor”. Esa manifestación fue la señal de que los ruegos habían sido escuchados y los exámenes tuvieron los resultados esperados.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Gruta en Arroyo Malo (Paysandú): “una obra para que todos supieran lo milagroso que es el Padre Pío”

“El viejito de barbita estuvo acá, pero se fue volando”

“El Padre Pío me llevó de la mano por el caminito de la gruta”