“Cuando tuvo la reliquia del Padre Pío sobre su corazoncito, ese día, María Victoria, se sanó”

Cuando promediaba el mes de marzo de 2012, la familia de Alexandra Bozzo y Alfredo Minutti recibió una noticia que provocó “un giro de 180 grados, que de un momento a otro nos cambió la vida cuando parecía que todo estaba bien”. Inicialmente habían detectado que María Victoria, la menor de sus cinco hijos, que entonces tenía seis años de vida, presentaba un soplo cardíaco. Un posterior estudio, más sofisticado, diagnosticó que el problema provenía de una malformación congénita. Ni bien tuvieron esa información los médicos de la ciudad de Salto dispusieron el pase al Sanatorio Americano de Montevideo con la indicación de que se debía practicar una intervención quirúrgica inmediata. “Y para nosotros fue una tremenda sorpresa. Por supuesto no nos esperábamos tener que enfrentar una situación así, con tantas vivencias que resultan difíciles de explicar”, reconoce Alexandra.

La angustia de esos padres, que por momentos fue desesperación, afortunadamente encontró contención “en la familia, los afectos y en la fe. Sin duda que Dios nunca nos abandonó”. En realidad, esta familia firmemente cristiana reconoce en aquel amargo momento una oportunidad que fortaleció su fe, que los acercó más a Dios. “Cuando a uno le pasan estas cosas, desconoce, no se hace una idea, de lo que puede llegar a ser la fuerza de Dios. Pero cuando se recurre con fe a Él y a nuestros santos, pasan cosas increíbles, como nos pasaron a nosotros”, dice Alfredo.

La operación de María Victoria se fijó inicialmente para el 15 de mayo de 2012 y luego avisaron desde el Sanatorio Americano que se postergaba para el 22 de mayo, a unos dos meses de la confirmación del diagnóstico inicial. “Increíblemente, y para nuestro asombro, el 22 de mayo es el día de santa Rita, Patrona de los casos imposibles. Esto no fue casualidad, sino que fue la Providencia de Dios que eligió ese día tan especial. Seguramente Vicky iba a estar muy protegida y cuidada por esta santa”, señaló Alexandra.

En las semanas previas a la cirugía cardíaca, la comunidad salteña acompañó muy cálidamente a la familia. No faltaban cadenas de oración, misas, rezos del Santo Rosario en el Colegio Sagrada Familia, al que asistía la niña, o en la gruta de La Aurora. En la casa recibían estampitas, imágenes de santos, agua bendita y abundaban las llamadas, mensajes, sobraban los donantes de sangre; así como manifestaciones de apoyo en los medios de comunicación, incluso de mucha gente que la familia no conocía y que querían brindar su ayuda y acompañamiento. “A veces pensamos que la sociedad actualmente está fría e indiferente, pero, gracias a Dios, nosotros pudimos comprobar todo lo contrario, nos dimos cuenta en esos duros momentos que hay muchísima gente con un enorme espíritu de solidaridad, con gran caridad y que se pone del lado del prójimo brindando contención y cariño. Personas que, incluso, ni siquiera sabíamos quiénes eran y que estuvieron a nuestro lado, acompañándonos. Fue un momento difícil, pero nos reconfortaba tanta solidaridad”, recuerda con emoción.

El fuerte llamado para participar de la misa del 1 de mayo de 2012 

El miércoles 1 de mayo de 2012 Alfredo sintió un deseo muy fuerte de asistir a misa, había “algo” que lo hacía pensar que debía hacer todo lo posible para no faltar. “Dije a Alexandra que iba a ir a misa y le pregunté si quería ir conmigo, pero estaba complicada con los chiquilines, no sabía qué iba a hacer. Yo le manifesté mi necesidad de participar de la misa de ese día, no sabía porque, pero así lo sentía. Hasta que se dio que los nenes quedaron con la abuela y nos fuimos los dos”, relata y reconoce que una vez que llegaron a la Iglesia “pasaron cosas que a mí no me dejan de sorprender”.

La misa fue celebrada por el Padre Guillermo Buzzo, sacerdote muy querido por la familia, quien, además, unos días antes de la operación, “le dio la Unción de los enfermos a Victoria”. Lo primero que les despertó curiosidad fue que el concelebrante era un fraile capuchino, “que estaba vestido como el Padre Pío”. En tanto la congregación no tiene presencia permanente en la zona, es bastante poco habitual, y en consecuencia, llamativo, ver un religioso con el hábito de San Francisco de Asís.

Tras unirse en oración con la comunidad de la Parroquia Catedral San Juan Bautista de Salto y pedir a Dios por la salud de su hija, Alexandra y Alfredo esperaron el anuncio del canto final para volver a casa a retomar el cuidado de sus niños. “Cuando íbamos saliendo, ya en la puerta de la Catedral, escuchamos que anuncian que el capuchino iba a hablar para contar su experiencia porque había compartido tres años de vida con el Padre Pío”.

El fraile era Ermelindo Di Capua, integrante de la Congregación de los Hermanos Capuchinos, que falleció el 22 de febrero de 2017, a los 83 años. El religioso italiano estuvo a cargo del cuidado del Padre Pío en sus últimos tres años de vida. Estaba en la región en el marco de una gira que acercó algunas reliquias del santo a sus devotos. El arribo a Salto se produjo imprevistamente y seguramente inspirado por quien supo tener amigos por estas tierras. Di Capua visitó la gruta de “La Aurora”, el pasillo de la Curia donde fue visto el Padre Pío en el año 1941 y finalmente concelebró la misa.

«Volvimos, nos quedamos a escuchar, asombrados de toda la situación que estábamos viviendo y de encontrarnos frente a alguien que vivió tan cercano al Padre Pío y a quien conocía profundamente. En un momento dado vemos que estábamos frente a dos reliquias del Padre Pío. Una era el mitón que cubría las llagas de sus manos y la otra presentaba unas marcas de sangre seca. Mientras el Padre Ermelindo hablaba, nosotros nos dijimos “¡vamos a traer a María Victoria!”», cuenta Alfredo. Después que el fraile brindó su mensaje, y cuando ya se retiraba de la Catedral, los padres de Vicky se acercaron a contarle el caso de su hija y le preguntaron si le podría dar su bendición. “Fue algo increíble porque ellos ya se iban, pero nos dijeron que sí, que la llevemos. Nos fuimos volando hasta casa, con una alegría bárbara, levantamos todos los chiquilines y volvimos a la Catedral.

No podíamos creer lo que estaba pasando. El Padre la bendijo, le puso la reliquia con las gotas de sangre del Padre Pío en el corazoncito y yo creo que ese día María Victoria se sanó. Eso fue muy fuerte, muy fuerte”, relata Alfredo al tiempo que seca sus lágrimas.

Otro hecho asombroso que se produjo prácticamente en el mismo momento fue la manifestación de un muy intenso aroma a perfume percibido por las tres niñas: Catalina, Matilde y María Victoria, y la abuela de las chicas. “Cuando estábamos rezando frente a las reliquias nos invadió, a todas, un fuerte aroma a flores que nos dejó sorprendidas”, recordó la señora.

“Reza, ten fe y no te preocupes, la preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración”

La operación «duró siete horas y fue un éxito. Ese 22 de mayo, desde las 7 horas y hasta las 15 horas, en el Colegio Sagrada Familia realzaron un “monasterio invisible”. Maestras, niños, padres, abuelos, directores, rezaban durante 15 minutos cada uno, cubriendo todo el horario de la operación. Cuando a las tres de la tarde llegó la noticia de que la operación había sido un éxito, realmente fue una fiesta y una inmensa alegría para todos». El proceso de recuperación fue rapidísimo, “Vicky estuvo en el CTI durante 48 horas, los días 23 y 24 de mayo, y ya estaba pronta para salir a sala intermedia”. Considerando la evolución, y la impaciencia de la niña para salir de cuidados intensivos, Alexandra pedía al personal de salud que su hija fuese derivada a sala lo antes posible. Deseaba profundamente estar a su lado y rezaba mucho para poder festejar junto a ella sus 41 años, el 25 de mayo. “Yo pedía, insistía, pero me decían que no había camas disponibles. Hasta que a la hora 23:30 del día 24 me confirmaron que se había desocupado una y María Victoria iba a sala. Ese fue el mejor cumpleaños de mi vida, estuve junto a mi hija recuperada y en la compañía
del Padre Pío que también nació un 25 de mayo, sin duda él me escuchó”, dice con emoción la mamá de Vicky.

“Gracias a Dios tuvimos esta experiencia, fuimos unos elegidos”

Unos cuantos años después de aquellos meses tan duros, Alfredo y Alexandra no dejan de agradecer la prueba, la manifestación de la “enorme fuerza de Dios” y celebran “poder transmitir esta experiencia que nos hizo crecer muchísimo como familia, nos dejó una huella muy marcada y nos acercó más a Dios. Habría que escribir un libro para plasmar todo lo vivido”, expresó Alexandra, muy emocionada y con la voz entrecortada.

En la misa de acción de gracias por la salud de la niña que se realizó poco después de la operación leyeron una de las frases de San Pío que los sigue inspirando para el día a día, que comparten y cuya práctica recomiendan con su testimonio de fe: “Reza, ten fe y no te preocupes. La preocupación es inútil, Dios es misericordioso y escuchará tu oración”.


Arriba: el Padre Ermelindo en su visita a Salto. Foto aportada por la familia Minutti-Bozzo.
Abajo, un joven Ermelindo cuidando a Padre Pío.



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