"Despertó después de 15 días de convulsiones permanentes y en estado de inconsciencia; lo primero que dijo fue su nombre y que es devota del Padre Pío. Según los médicos “era sólo cuestión de esperar por momentos”

Después de 15 días de convulsiones permanentes y en estado de inconsciencia, cuando “los médicos dijeron que no había nada para hacer y era sólo cuestión de esperar por momentos o que ocurriera un milagro” y ante la presencia de un sacerdote convocado para que la asista con el sacramento de la extremaunción, una vecina sanducera “volvió a la vida” y tras despertar dijo con fuerza estas palabras: “Soy Zully Ferrari Vázquez, devota del Padre Pío”. Fiel seguidora del santo “desde hace añares”, tiene plena certeza de que la intervención del capuchino estigmatizado “hizo que Dios me dejará acá, para que esté bien y haga el bien”.

“Solo era cuestión de esperar por momentos”

Fue en la noche del 3 marzo de 2013. Después de un largo día de trabajo en su comercio, llamado “San Pío”, Zully se había acostado a descansar llena de vida y gratitud, “sin tener ninguna enfermedad, totalmente sana”. Pero mientras dormía comenzó a convulsionar sostenidamente y ya para la medianoche estaba en un centro asistencial de su ciudad, Paysandú, mientras se hacían las gestiones para concretar el traslado al Centro Regional de Neurocirugía del Hospital de Tacuarembó.

“Convulsioné por primera vez con 48 años. Yo me sentía sana, no tenía problemas, nunca sentí nada raro. Pero esa noche me acosté a dormir y me desperté 15 días después”, cuenta y asegura que no tiene recuerdos de lo sucedido en el transcurso de esas dos semanas. Las convulsiones fueron de una intensidad muy considerable y, en general, no cesaron durante la internación, “de hecho me dicen que durante el traslado a Tacuarembó tampoco paré de
convulsionar”, agrega.

Básicamente, la convulsión es definida como un problema en el cerebro que se manifiesta con una alteración eléctrica repentina y no controlada que puede determinar cambios muy considerables en cuanto a las capacidades de movimiento, en el comportamiento y a nivel de los sentimientos, así como afectar los niveles de consciencia. Existen múltiples tipos de convulsiones de la misma manera que varían los síntomas y sus consecuencias. Desde la perspectiva común de los hombres y en base al conocimiento médico se sostendría que la situación de Zully sería irreversible.

“Mi familia me cuenta que pasaban los días y yo seguía igual, no paraba de convulsionar. Los médicos iban preparando a mi familia para lo peor hasta que les dijeron que ya no podría aguantar más, que era imposible, que no había nada que hacer y era sólo cuestión de esperar por momentos o que pasara un milagro”. Ante tan dramático anuncio los familiares fueron en procura de un sacerdote para que la asista con el sacramento de la unción de los enfermos, que se entrega a quien está próximo a la muerte. “Durante todos esos días que estuve internada ellos iban a rezar a una iglesia de Tacuarembó y cuando los médicos les dijeron todo aquello se fueron enseguida a conseguir un sacerdote”, relata.

Despertó “en medio de una paz enorme”

Mientras el cura cumplía con su ministerio junto a la cama de la enferma, la mujer recobró su consciencia y exclamó, en un tono contundente, enfático, digno del más sano: “soy Zully Ferrari Vázquez, devota del Padre Pío”. Así, reivindicando su identidad y la condición de fervorosa creyente en el fraile oriundo de Pietrelcina, “en medio de una paz enorme y sin saber dónde estaba”, Zully despertó el 18 de marzo, poco más de dos semanas después de aquella noche en la que se manifestó el problema.

“Imagino que el cura se habrá sorprendido”, bromea y afirma que si bien no conoce el nombre del sacerdote recuerda perfectamente su rostro. «Me cuentan que cuando yo desperté y dije eso él salió al pasillo y dijo: “a ver los hijos de Zully Ferrari Vázquez, devota del Padre Pío” y ahí ellos confirmaron que había vuelto, por lo que el hombre decía».

“Me desperté gracias a que el Padre Pío intercedió ante nuestro Padre”

Enfatiza en que sigue viva gracias a la intercesión de Pío: “sé que es así. Porque de otra forma no podría haber despertado cuando el que el cura va a rezar por mi alma, diciendo lo que dije”. Entiende que la proclamación de su condición de devota después de tantos días de inconsciencia “y cuando ya me daban por muerta, es una señal muy grande de que me desperté gracias a que el Padre Pío intercedió ante nuestro Padre”. Su estado general al momento de la reincorporación no revelaba afectación por esa secuencia de convulsiones; asegura que “no sentía nada extraño, nada raro, no me dolía nada”.

Los profesionales tratantes, o quizás algunos de ellos, “reconocieron que había sido un milagro, nunca le encontraron explicaciones a lo que pasó”.

De los estudios practicados surgió que tenía “un angioma cerebral del lado derecho” que describe como “una carnosidad que parece había nacido conmigo, que fue creciendo y tomó partes del cerebro, lo que provocó las convulsiones”. Después de unos tres meses de preparación fue sometida a una intervención quirúrgica de extirpación que resultó exitosa. “Hasta el día de hoy, nunca más sentí nada gracias a Dios”, destaca.

Devota “de hace añares”

“Todo se lo debo al Padre Pío”, asume Zully y cuenta que descubrió al santo “en La Barra de Maldonado donde hay una gruta en medio de los árboles que lamentablemente muy poca gente conoce. Una vez fuimos hasta ahí, nos gustó mucho y empezamos a ir siempre”. Agrega que desde ese santuario pidió salud “para un patrón que se descompuso gravemente” y que también recibió la intervención de Pío.



Zully tomó conocimiento de la obra del Padre Pío a través de una visita a la capillita construida en honor
al santo en el balneario La Barra, departamento de Maldonado. La gruta fue inaugurada en 1990 como
aporte de Juan Berot, vecino de la zona. La escultura fue creada por el artista, maestro de cerámica y
docente, Carlos Barrientos. Foto cedido por Ariel de los Santos, agosto 2021

“Para que esté bien y haga el bien”

"Pío concede todo lo que uno pide con fe, siempre que esa sea la voluntad de Dios, y yo le agradezco de todas las maneras posibles”, dice Zully que hizo construir una gruta frente a su casa donde instaló una estatua del santo, generando un espacio de oración que comparte con sus vecinos.

“Desde que soñaba con tener mi almacén, cuando no tenía nada, ya sabía que se llamaría San Pío y así le puse. Los almanaques que regalo siempre tienen una imagen del Padre Pío. Cada vez que puedo hago estampitas con la imagen del santo y con sus frases para compartir”, relata y agrega que, especialmente, asume con amor el desafío diario de vivir según el ejemplo del hijo espiritual de San Francisco de Asís.

“Estamos en un mundo que necesita que vivamos con más amor y quienes nos reconocemos como cristianos tenemos que mostrar con nuestro ejemplo que actuamos como Dios nos pide. Hay que demostrar la fe todos los días, todo el tiempo. Por ejemplo, como nos enseña Jesús, aunque nos den una cachetada tenemos que ser capaces de dar la otra mejilla. De ayudar sin juzgar”, evitando cualquier tipo de consideraciones respecto a quien recibe.

Cuenta que “a través de la oración San Pío te va mostrando cosas”, favorece el desarrollo de cierta percepción que muchas veces permite estimar de antemano algunas conductas. “¿Qué querés que te diga? Siento que todo lo que tengo y todo lo hago se lo debo a Dios, a la intercesión de nuestro padrecito Pío y que si dejó que siguiera en esta tierra debe ser para
que esté bien y para que haga el bien”, sentencia.

El “muy hermoso” e inexplicable aroma a santidad

“Ora” todas las mañanas, “bien temprano, antes de abrir" el comercio. En esas ocasiones medita, agradece y pide, pero no sólo según sus propias necesidades: “hago pedidos para la gente del barrio, para los conocidos y por la familia”.

Zully confirma que, en general, al iniciar cada día, mientras reza, percibe el denominado aroma a santidad, considerado como la manifestación de la presencia de Pío. “Es muy hermoso, pero creo que no hay quien lo explique, no hay nada en la tierra, al menos de lo que yo conozco, que sea igual. Puede ser que se encuentre algo parecido, pero pienso que no exactamente el mismo”. Descarta que la fragancia se pueda caracterizar según los aromas que comúnmente conocemos y no comparte que se asemeje al perfume de rosas o al del jazmín, pero agrega: “en realidad cada uno lo interpretará como lo siente, seguramente no todos recibamos la misma manifestación y cada cual lo siente y lo vive a su manera”.

“Los misterios” de Dios

Rezar con otros, pedir para otros, ayudar a que la oración de los demás llegue al cielo se ha convertido en una forma de servicio del que disfruta profundamente. Enfatiza en su certeza de que Pío responde, pero aclara que “Dios tiene sus misterios y hay veces que su voluntad es distinta a la nuestra y es necesario que aprendamos a aceptar”.

“Hace unos cuantos años vinieron a pedirme que le prendiera una velita al Padre Pío por una muchachita, muy jovencita, que se estaba muriendo. Recé, prendí la vela y cuando se consumió toda apareció el mensaje. El platillo en el que estaba la velita se quebró en mil pedazos, se hizo miga, sin que se hubiera golpeado, nada. Entendí que el panorama era complicado. A la hora exacta la chiquilina murió”, relata y señala que permanentemente descubre señales de ese tipo que se constituyen en respuestas a sus oraciones.

Generosa, desde su fe, invita a experimentar la entrega a Dios de todas aquellas cuestiones cotidianas que nos pesan, confiando plenamente como enseña el Padre Pío, y abriendo el corazón para recibir esos signos “que siempre llegan” para transformarse en pilares, puntos de apoyo, certezas,que nos ayudan a construir nuestra humilde experiencia humana.



"Siento que todo lo que tengo y todo lo hago se lo debo a Dios, a la intercesión de nuestro padrecito Pío”, afirma Zully,
 que se ocupa de que el mensaje del santo llegue a más hermanos. Al frente de su casa construyó una grutita para albergar
una estatuita de Pío; comparte el espacio con todos aquellos que buscan a Dios.
Foto: Zully Ferrari.






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